Una
historia de calle
Rumor de actores por la calle, el teatro que ataca la quotinidad, que
cambia por una hora un día los ritmos sólidos, borra los
silencios de las plazas y crea otras diferentes, cargadas de atención,
que corre con las sombras cortas, que tragina y hace de esto un día
para contar.
Esto no es
una cavalgata, un desfilé de banderas y tambores, malabaristas
y encantadores, palabras y canciones, es un espectáculo que deshuesa
la narración de una aventura, donde los personages van, salen y
después vuelven, donde las escenas se suceden y construyen una
después de otra el recorrido de la atención: donde las palabras
de después te devuelven a escenas anteriores... Una historia que
contar es siempre una apuesta, pero una historia en el teatro de calle,
con el público inconstante, cambiante, viajero...
ORIENTE es un espectáculo compleso en forma simple. Es un
espectáculo por la calle, y es espectáculo y no cavalgata
porque se intenta contar algo. En la escena se mueven personages reconocibles,
las máscaras y los disfraces sirven a marcar los carácteres,
la pertenencia a los grupos en lucha (campesinos, soldados) y es espectáculo
porque alterna drama (que predomina en la parte inicial, la descripción
de la opresión del trabajo, el regimen militar, la masacre de los
campesinos) y divertimento (confiado en primer lugar a los dos pueblerinos
que apoyan en la fuga a la protagonista y que acompañan con su
intervento toda la segunda parte del espectáculo) hasta alcanzar
lo grotesco en el personage del tirano. La elección de la narración
está sostenida por una rebuscada simplicidad de los textos que
acompañan el espectáculo.
En las reproducciones por el estrangero tanto el texto como las pancartas
con los títulos de las escenas son traducidos.
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